Escribiendo la última decadencia

Huestes Trump en Congreso.

Cuando “pelo escoba cara de polla Trump” dijo en una TV de su país durante “horario prime time” que podría pegarle un tiro a alguien en la Quinta avenida y que no le pasaría nada, los medios de comunicación de medio mundo se rasgaron las vestiduras porque no entraba en sus cabezas que todo un presidente de la todopoderosa Norteamérica pudiera decir algo así, y en realidad lo que decía no tenía mérito alguno pues de hecho, gente más chunga que él ya lo habían llevado a cabo como la familia Soprano o cualquier otro de los mafiosos que recordó Scorsese en escena y lo habían hecho sin darse tanta importancia. Pero en aquellas afirmaciones que le sirvieron de entrenamiento y tanteo y en otras muchas que vinieron después se asentó el tipo de germen de la credibilidad que absorben con facilidad, las cabezas descerebradas del tipo de “mamones” que más tarde son capaces de presentarse en cualquier parlamento del mundo para reventarlo si el tipo que lo decía en la tele y en las redes sociales, se lo pide.

Salvando las distancias es como cuando “Abascalín perilla hueca” presume a gritos de no ser “un picha floja” que seguramente es lo que es, y lanzar bravuconadas para currarse votos que le permitan a él y los suyos vivir de “puta madre” a cargo del Estado sin pegar golpe, le dijeran todos lo que piensan a cada paso como lo estoy yo haciendo ahora, a lo mejor podíamos lograr que nunca llegara a alcanzar todos los que necesita para ello.

Porque a toro pasado siempre es tarde y la oposición en EE. UU. está acusando a Trump de sedicioso y de dar un golpe de estado, pero eso no son más que tonterías sin significado, porque todo el mundo sabe que un golpe de estado es lo que dio aquí Tejero por ejemplo, y no cuatro feos con cuernos y pieles entrando en el Parlamento. El golpe, no de estado, sino en el pie se lo dará la democracia si no lo procesan por llevar disparando contra las instituciones desde que supo que tenía altas probabilidades de perder las elecciones, apretando el gatillo cada día de toda esa panda de fanáticos, pobres desgraciados que poca culpa tienen.

Y si no lo hacen, queda claro que la libertad y la democracia se encuentran en claro retroceso y con los jóvenes sin querer saber nada, sin tomarse en serio las cosas, pero esto si no lo arreglan ellos, no lo va a arreglar nadie así que se tendrán que poner las pilas o estaremos escribiendo los ritmos de la última decadencia de occidente.

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