Los olvidados

El pasado 26, el diario El País publicaba un reportaje relativo a las denuncias presentadas contra las residencias por familiares de abuelos que murieron en ellas, recogiendo su dolor por sentirse culpables de no haber hecho más, una impotencia que se observa incluso en la redacción realizada por los periodistas firmantes del artículo.

Quizá la primera pregunta que nos deberíamos hacer es qué escenario social deseamos para nuestros olvidados, las mujeres y hombres cuya vida exprimimos mientras fueron útiles y que luego parecen estorbar. Como dice Joan Margarit: “Nos preparan para abrir la tienda o el supermercado, pero no para ser viejos” Tenemos que estudiar sobre todo carreras técnicas y producir y reproducirnos para llenar la tierra de crías y mantener la demografía en niveles que permitan al sistema seguir vivo. Pero algo más habrá que hacer para evitar que los viejos lleguen a una edad en que se pregunten ¿Y ahora que hago?

La pandemia ha puesto en evidencia una realidad que viene de atrás. Creamos jaulas para encerrar a los abuelos y quitarnos un estorbo por estar muy ocupados en cumplir con los roles del trabajo y ocio acordes con nuestra edad. La idea fue tan buena que el capitalismo pronto se percató del negocio y creó emporios, algunos de ellos de dimensiones impersonales, pasaron a ser gestionados por fondos buitre cuyos inversionistas paradójicamente también eran abuelos.

Pedro recuerda que cuando en solitario fue a enterrar a su padre, temió estar sepultando una caja vacía porque no pudo verlo y únicamente le entregaron el reloj que llevaba encima pero no encontraron ni su cartera ni DNI. Ahora espera una justicia que no llegará tampoco porque las administraciones responsables se están ocupando de echar tierra al asunto y olvidar a los abuelos otra vez.

Un magistrado del Tribunal Supremo reconoce que difícilmente prosperarán los procedimientos penales, cuando los hospitales rechazaban ingresos de las residencias por fuerza mayor, pero ve muy claras las demandas civiles posteriores para una indemnización, lo que equivale a decir que sus familiares recibirán como mucho un puñado de euros que pagaremos entre todos para que los verdaderos culpables, se vayan de rositas como el director de la residencia ELDER de Tomelloso, un tipo de 31 años, concejal del Partido Popular que estudió periodismo y director gracias a que su padre era el dueño del patronato y desapareció al primer contagio dejando a los empleados a su suerte. Ningún juzgado quiere abordar seriamente esta patata caliente y los casos se están quedando en audiencias provinciales carentes de medios que es el paso final para su olvido definitivo, en especial ahora que nos encontramos en el principio del final de la pandemia.

Yo no olvido

Debido a la reciente matanza de visones en Dinamarca, cave preguntarse que sucedería en el caso de que una opinión científica, por ejemplo consistente en que un virus mortal pudiera ser transmitido al hombre a través de sus mascotas y que no hubiera sido suficientemente cotejada o constatada por la comunidad científica, diera sin embargo lugar a que algún dirigente político, anti animalista o poco consciente, tomara la prematura medida de ordenar el sacrificio de todas las mascotas. ¿Qué sucedería entonces?

Una periodista en el programa de Javier del Pino en la SER dibujaba un escenario distópico en el que millones de humanos amantes de sus mascotas, las escondían en armarios para protegerlas, mientras vecinos, como ocurriera durante el nazismo, los denunciaba a las autoridades. Menos mal que no me queda tanto para morir porque cada vez llevo peor transportarme a ese tipo de escenarios distópicos.

La periodista apuntaba lo pronto que olvidamos y es verdad, afirmamos con frecuencia que solo recordando la historia, contribuimos a no replicar los errores del pasado, pero lo cierto es que olvidamos espantosamente rápido aunque no sea mi caso porque yo no olvido, tengo un enorme disco duro y aunque aprendí a perdonar a todos cuantos me discriminaron desde la infancia, los que me impidieron competir en igualdad, los que me ofendieron por omisión o falta de respeto, a los que no se esforzaron por comprenderme. Aunque los perdoné a todos, incluidos los franquistas que todavía colean por doquier y que mantuvieron en el poder al tirano durante mis primeros 25 años de vida, nunca he olvidado nada, los tengo a todos presente.

Cumbre banderil

Comienzo a aborrecer esa crítica superficial pero continua que se hace a Ayuso y que la prensa alimenta sacando las cosas de contexto, para que todo pase por no ser más que una anécdota, cuando estamos hablando del bienestar de los ciudadanos, pero también de cumplir con el deber de amortizar el sueldo generoso que reciben y su proyección como político, una figura laboral favorecida por privilegios como las puertas giratorias por lo que se podría afirmar que los dos protagonistas de la cumbre banderil en Madrid pueden presumir de tener el futuro resuelto hasta que llegue el momento de su muerte.

La Sra. Ayuso puede ser tan mal presidenta para la Comunidad Autónoma madrileña como mal alcalde pueda ser el Sr. Canteli para Oviedo, salvando las distancias y con razonamientos diferentes pero la culpa de que accedieran al cargo y lo peor, que se mantengan en él, no es de ellos sino del Partido Popular porque nuestro sistema político se apoya en una estructura de partidos monolíticos que se rigen por un sistema vertical con culto al indiscutible líder y me resisto a pensar que no había otros posibles dirigentes para regir la comunidad madrileña, mejor formados y más eficientes, o candidatos a alcaldes (a más de uno conozco) dentro del propio partido popular que hubieran sido mucho mejores alcaldes o alcaldesas para Oviedo que nuestro decrépito edil.

Pero además, este alarde de banderas y símbolos para tratar de lo que se está convirtiendo en un asunto de estado y con la que está cayendo en cuanto cifra de fallecidos y descontrol del sistema sanitario, me parece tan excesivo y fuera de bolos que me avergüenza haberlo vivido y de paso haber escuchado tal colección de despropósitos.

Si alguien llegó a pensar que la pandemia obligaría a juntar el hombro a nuestros políticos para acordar soluciones generosas e imaginativas, ya sabe que estaba equivocado, que esto no será posible mientras los partidos ganadores en las urnas, elijan representantes manejables, manipulables e ineptos que difícilmente puedan hacer sombra a sus dirigentes.

Marina, mi amiga

Mi amiga Marina a regresado por fin a casa después de pasar una semana en el hospital, primero en la UCI y más tarde en planta. Reside en otra comunidad, tiene 47 años y es funcionario de hacienda de grado medio. Por su edad, actividad y calidad de madre de un chico de 24 años, se considera perteneciente al colectivo “mujer de mediana edad, activa trabajadora, cotizante y madre responsable” pero además se la puede clasificar con el estereotipo “nieta” porque tanto su madre de 69 años como su abuela de 92 y recientemente fallecida en una residencia a consecuencia del coronavirus, tomaron la decisión, al igual que ella, de procrear a temprana edad.

En otro orden de cosas, es y se considera, una mujer autoritaria en el trabajo, condescendiente con la familia y sana a pesar de haber sufrido una mastectomía el año pasado que la mantuvo fuera de juego casi un trimestre y de cuyo proceso se considera totalmente curada si dejamos al margen algunas operaciones plásticas para la reconstrucción de su seno.

Le parecía extraño, por lo tanto, el gripazo que parecía haber contraído en pleno mes de agosto y que inevitablemente le hizo pensar en el COVID-19, a pesar de seguir de manera concienzuda todas las numerosas reglas y protocolos establecidos por sanidad tanto a nivel nacional, como de su comunidad autónoma.

Un poco preocupada pidió cita en atención primaria pero como todos sabemos ese servicio a volado por los aires y ahora una auxiliar administrativo recoge tu teléfono y has de esperar que un médico al que probablemente no conoces ni él a ti tampoco, si descontamos la fotografía sanitaria que arroja tu ficha en su ordenador, se ponga en contacto contigo.

Muy buenas ¿qué síntomas nota? Le dice el galeno, en este caso galena, dolor de garganta, tos atrancada, anosmia y un poco de ahogo; le respondió ella. Uff, tiene mala pinta, puede que se haya infectado con el bicho. ¿Ha estado en alguna fiesta aunque sea familiar o en el trabajo con alguien afectado, sabe de algún caso próximo? No, no, no me doy cuenta, no he ido ni a la playa. Vale, la propongo para la prueba. Espere a que la llamen, no salga de casa, máxima higiene, no llevarse las manos a la boca ni a la nariz sin lavado previo y procure aislarse de la familia hasta que estemos seguros.

Y la llamaron y fue a que le pasaran el palillo por la garganta y se lo introdujeran en la nariz. Tiene que pasar a las 11:15 por la cabina preparada a la entrada de urgencias del hospital e identificarse, dijo la anónima voz. Ni a las 11 ni a las 12, pensó ella, tiene que ser a las 11 y cuarto, pues ala. Vuelta a casa y a seguir esperando mientras crecía en ella la angustia de haber infectado a media comunidad autónoma sin pretenderlo. No tenía fiebre sorprendentemente, pero le dolían hasta las muelas y en aquel estado solo le apetecía meterse en la cama lo que al final hizo agobiada por sus temores.

El resultado de su test de coronavirus ha dado negativo”, se leía en el mensaje de texto que apareció en su teléfono móvil pero ella cada vez respiraba peor y se había hecho patente un dolor de cabeza insoportable, así es que, como mujer resolutiva que es, se presentó en urgencias y a la media hora ingresaba en la UCI con el diagnóstico de una neumonía que podía poner en peligro su vida. Después de aquella primera prueba y de la última que la hicieron antes de enviarla de vuelta a casa, le practicaron varias más, incluso con extracción de sangre y en todas ellas el resultado arrojado por los test fue negativo.

No contrajo, ni propagó el coronavirus pero pudo morir a causa de otro virus, tipo de gripe o un catarro fuerte o lo que fuere y en pleno mes de agosto que no es proclive a este tipo de infecciones. Y como de todo hay que sacar provecho en la vida, espero que algo saquen de esto también.

Menos mal

Si, menos mal que los optimistas dictaminaban que la pandemia, ese tremendo lobo del 2020, traería bajo el brazo sus cosas buenas. El pronóstico era amplio, esto nos está dando lecciones de humildad, nos obligará aunque nos resistamos a colaborar en lo político y ser más solidarios en lo social.

Las organizaciones políticas que solo miraban por los intereses de sus votantes tendrían que abril el foco porque en este barco vamos todos. Superaremos los sesgos, y los nacionalismos pasarán a un segundo plano para imponerse el bien común. A partir de ahora nadie cuestionará los presupuestos en salud, educación o servicios sociales y vivir una nueva normalidad donde tendremos que respetar y no contagiar al prójimo, nos hará más libres.

Que bonito sonaban todas esas palabras seguidas y encerradas en un mismo párrafo, como la música resultante de una afinada orquesta que había sido herida, si, pero saldría reforzada.

Sin embargo los que no éramos tan optimistas llamábamos a eso una sarta de deseos sin fundamento empujados por la esperanza en un mundo mejor pero estábamos convencidos de que pasado el susto volverían las trompetas de la guerra proclamando su odio y así está sucediendo.

Los gobiernos todos, incluidos los autonómicos, mueren de éxito proclamando lo bien que lo han hecho todo, como siempre con el único objetivo de perpetuarse, mientras la oposición no repara en gastos ni descalificaciones del contrario hasta conseguir descabalgarlo como sea. Montesinos, portavoz del Partido Popular afirmaba esta semana “tanto Álvarez de Toledo como los demás portavoces y miembros de la cúpula del partido están juntos en la estrategia de «forjar» una alternativa sensata al Gobierno de Pedro Sánchez”. Esa es la clave alrededor de la cual pilota todo, también los titulares manipuladores de la prensa de la derecha y de la izquierda, cada una mirando por lo suyo, impidiendo la posibilidad de acordar algo porque solo prevalece una consigna: Al enemigo ni agua.

Eristyksissä (En casa-Finlandia)

Miniserie finlandesa grabada durante el confinamiento que está disponible desde este mes en HBO que no debemos confundir con otra miniserie de igual título que comentamos en este mismo blog, llevada a cabo por directores españoles y que se distribuyó por la misma cadena de pago por visión.

Esta es una antología de siete cortos que rondan los 15 minutos de duración, creados por siete directores finlandeses durante la pandemia del COVID-19 y que hablan sobre cómo encontrarse a uno mismo durante el aislamiento social, ya que la soledad más profunda a veces se manifiesta de las maneras más absurdas.

Los directores finlandeses AJ Annila (The Eternal Road, Sauna, Jade Warrior), Aleksi Salmenperä (Void, A Man’s Job), Alli Haapasalo (Love & Fury), Mikko Kuparinen (Man In Room 301, 2 Nights Till Morning, Sirocco), Mika Kurvinen (Invisible Heroes), Teemu Nikki (Euthanizer) Y Marja Pyykkö (Man And A Baby) han creado estos siete episodios independientes en los que presentan sus propios puntos de vista sobre la situación excepcional causada por la pandemia.

En general me han parecido un poco fríos, pero me han gustado especialmente, los episodios núm. 4 (Love in the Time of Corona=Amor en tiempo de Coronavirus); el 5 (Spring Break=Vacaciones de primavera) y 7 (Selftape=Autograbación). En todos nos hablan del efecto que ha producido en nosotros la infección por coronavirus, no solo por lo que se refiere al confinamiento en sí, sino también por los miedos e incertidumbres que ha sembrado en una civilización como la nuestra, sedentaria y acomodada, que creía tenerlo todo controlado hasta ahora y que ha sucumbido social y económicamente ante la situación provocada por un diminuto y desconocido enemigo.

TRAILER OFICIAL

Atención primaria

Denominamos así a la primera línea sanitaria que antiguamente conocíamos como medicina de cabecera, su objetivo desde el punto de vista médico es el de efectuar una primera evaluación ante una dolencia, malestar o preocupación manifestada por el ciudadano para, de acuerdo con los síntomas observados, decidir si se puede resolver con un fármaco o precisa ser atendido en una instancia médica superior, un especialista o la hospitalización.

Pero en realidad es mucho más porque el ciudadano que reclama atención médica, en ocasiones sufre angustia, acaso la dolencia física sea leve pero la ansiedad que le produce puede ser complicada, incluso tenga que ser derivado a salud mental, por lo tanto no es posible resolverlo por la actual atención telefónica o “tele-sanidad” como se le está denominando porque vamos a ser claros, lo que tranquiliza a cualquier usuario de atención sanitaria es que un galeno reconocido, lo examine y determine algo, lo que sea que deba determinar, pero no dejarlo en permanente estado de preocupación.

Texto de Beatriz Patallo en Facebook

Recientemente en Facebook una usuaria angustiada manifestaba su derecho a ser atendida por un médico y no por una telefonista. Y para entenderlo mejor voy a poner un ejemplo. Llevo un trimestre con dolor en el oído y falta de audición. He llamado, me han recetado un aceite para quitar tapones que no funcionó. Nueva llamada y me derivan a un practicante para extraer tapón del oído que al final me recibe y determina que no hay tapón y que debo dirigirme de nuevo al médico. Nueva llamada y el resultado es un volante que me entrega un agente de seguridad privada en la puerta del ambulatorio para ser examinado en el Huca, el último día de septiembre. Hasta ahora, desde hace tres meses, no me ha visto ningún médico y hoy me he levantado con fuerte dolor de oído y de cabeza pero no puedo hacer nada hasta ser atendido por el otorrino, o sea viviré sumergido en una angustia dolorosa contra la que no tengo otro remedio que el paracetamol, a pesar de haber cotizado a la SS durante 30 años.

Como bien dice la usuaria cuyo comentario he reproducido, si los dependientes de supermercado por ejemplo, cubiertos como astronautas hemos de atender a los usuarios, algunos de los cuales son sanitarios y se nos sigue deduciendo la cuota para la SS, lo mínimo es recibir una atención médica acorde con ello, como teníamos antes, pero esto lo debemos pedir todos y no solo algunos. Hemos de exigirlo o las autoridades entenderán que estamos conformes con la atención que se nos está dando.