The Crown

Serie dramática de ficción histórica que recrea el reinado de la Reina Isabel II de Inglaterra. Ha sido creada por Peter Morgan para NETFLIX y se compone de 4 temporadas con 10 episodios cada una, de aproximadamente una hora cada episodio.

A mi juicio, todos deberíamos luchar contra nuestros sesgos y prejuicios a la hora de juzgar lo que sea. Yo lo he intentado siempre, pero en muchas ocasiones como en esta, no lo he conseguido y es que además soy republicano, que es una razón de peso en sí misma para pasar de ver esta lujosa serie británica. Pero hace poco llegó a la plataforma de pago por visión, la 4ª temporada que comprende la época «thatcherista», prácticamente todo el mandato de Margaret Thatcher, conocida popularmente como “La dama de hierro”, primera mujer elegida primer ministro en el Reino Unido.

Como bien dice Sergio del Molino en “El País”, salvo que se aplique la mirada de Stephen King para juzgar la serie sobre la familia británica, según la cual “cuenta la historia de una familia secuestrada por una nación que, a cambio de unos cuantos palacios y una serie de privilegios, está condenada a entretener al pueblo con rituales, astracanadas y escándalos inspirados por el ocio y la libido, para regocijo lucrativo de los tabloides de la tarde”, el resto de las miradas la de los monárquicos no comprendo cuál pueda llegar a ser, pero yo que entré a ella como republicano, he salido sintiendo asco y preguntándome como es posible a estas alturas de la historia que pueda haber gente que aún defienda una monarquía que no es otra cosa que una máquina de acaparar dinero y riqueza hortera a cambio de absolutamente nada.

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El síndrome Woody Allen

Hp-85 de Hewlett Packard

Participo de lo dicho por Edu Galán en su libro El síndrome Woody Allen y hasta lo puedo considerar un libro útil para entender lo que está ocurriendo en las redes, pero a nivel personal no encuentro nada nuevo en él. Porque antes incluso de que sobre la tierra se extendiera la Internet, ya manejaba yo un ordenador HP-85 de Hewlett Packard que se parecía más a una máquina de escribir que a un ordenador, aunque llevaba encima una pequeña televisión en blanco y negro conectada a la CPU donde se visualizaban las operaciones que se hacían y algo de programación en Basic, fundamentalmente modificaciones de las bases de datos para adaptarlas a mis necesidades, porque lo utilizaba para llevar la administración, contabilidad y facturación en la empresa que trabajaba y que facturaba 200 millones de “pesetas” al año (hablo de los años 80)

Ese fue el inicio, pero detrás vinieron el resto de los ordenadores que he poseído y la posibilidad de navegar por internet, y también fui de los primeros en hacerlo. En realidad no hace tanto, unos 20 años y me conectaba a través de Hispavista una empresa que sonará poco y que no sé lo que hace ahora, pero todavía existe. A través de ella conseguía conectarme dos o tres horas al día a una velocidad que hoy daría la risa, participaba en foros de discusión tecnológica, universidades y poco más, ya que los móviles eran todavía un sueño. Pero también fui pionero en Facebook, Tuenti y el resto de redes porque en todas las que he podido, he participado y hago este largo preámbulo, para indicar que solo hablo desde la experiencia y es que hace muchos años entendí que en pocas palabras no se pueden explicar conceptos ni confrontar ideas, que con cuatro palabras solo se pueden hacer titulares y confundir más que clarificar. Decidí entonces abrir un cuaderno de bitácora y para ello utilicé una herramienta gratis creada por unos chicos de Nueva York en el año 1999, un proyecto que posteriormente adquirió Google para luego prácticamente abandonarlo. Ahora utilizo otra plataforma (WordPress donde está Ud. leyendo esto) porque sigo empeñado en un imposible, ya que lejos de que la gente entre a leer mis ideas y participe, afirmando o disintiendo, el silencio sigue siendo la respuesta habitual.

Muchos lo leerán otros, solo las cinco primeras líneas porque leer cansa. El éxito de las redes es que se leen dos frases, se responden cuatro tonterías y todo vale porque todo el mundo tiene derecho a expresarse. Las redes son lo más parecido que yo conozco a las barras de los bares después de dos birras y va a tardar tiempo en dejar de que así sea aunque, basándome en mi experiencia, estoy convencido de que lo mismo que hemos llegado hasta aquí, evolucionaremos hacia otra parte, pero lamentablemente no lo haremos por leer el libro con el que abría este post, ojalá fuera tan sencillo.

Whisky

Netflix, ya lo dije en ocasiones anteriores, se ha convertido en un saco sin fondo, donde encontrar casi de todo, pero la mayoría cine mediocre cuando no directamente malo, sin embargo de vez en cuando, te topas con pequeñas maravillas como Whisky, este largometraje de 105 minutos realizado por los uruguayos Juan Pablo Rebella, Pablo Stoll, que en 2004 ganó un Goya a la Mejor película extranjera de habla hispana.

Solo tres personajes, dos hermanos y la empleada de uno de ellos para llevar adelante esta comedia dramática en la que los personajes jamás esbozan una sonrisa excepto cuando pronuncian la palabra Whisky para salir alegres en la foto y a ese latiguillo popularmente utilizado, debe su título. Los intérpretes que les dan vida son Andrés pazos (fallecido en 2010) , Mirella Pascual y Jorge Bolani.

En mi época este tipo de cine se veía en salas que decíamos de Arte y ensayo, hoy le dicen también cine de autor, pero lo que yo veo es un arte con mayúsculas por ser un cine que carece de todo tipo de recursos, actores caros, escenarios importantes, música contundente, es decir, carece de todo excepto arte para entusiasmar al espectador. Su austeridad, su narración sobre un escenario decadente, en derrumbe me recuerda inevitablemente las grandes películas del neorrealismo italiano como El ladrón de bicicletas del gran Vittorio De Sica.

Cuenta en Filmaffinity con una puntuación de 6,7 y una SINOPSIS que dice lo siguiente.

Montevideo, Uruguay. Jacobo Köller, el dueño de una modesta fábrica de calcetines, arrastra una vida gris y de una monotonía asfixiante. Su relación con Marta, su empleada de confianza, es estrictamente laboral y está marcada por el silencio y la rutina. Esta monotonía se ve súbitamente amenazada por el anuncio de la inesperada visita de Herman, el hermano de Jacobo, que vive en el extranjero, y con el que ha perdido contacto desde hace años. Es entonces cuando Jacobo le pide ayuda a Marta para afrontar una situación tan incómoda. Tres personalidades aparentemente inofensivas: tres clases de soledad.

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Muay thai

Soy de una época en la que el boxeo era un deporte más. Por las lonas locales se partían la cara gente como “Sombrita” o el ”Gitano Jimenez” y a más nivel “Fred Galiana (que ni siquiera se llamaba Alfredo, sino Exuperancio Díaz Galiana”, “Carrasco (Inventor del Bolo punch y más reconocido como marido de Rocio Jurado que por su carrera boxística)” o “Uzcudun” y por la tele los grandes”Casius Clay” y todos los boxeadores de color que vinieron detrás de él «los mantas» blancos como “Oscar Ringo Bonavena” y todos los demás. Hasta mi hermano mayor hizo sus pinitos en el ring del gimnasio de la peña Mallavia de Torrelavega hasta que mi padre lo bajó de él a hostias como era lo propio.

Las conversaciones con amigos de entonces eran del orden ¿Qué hubiera pasado si Casius Clay se hubiera enfrentado con Joe Louis, Primo Carnera o Rocky Marciano? Conversaciones que sonaban a ruido en mi cabeza porque en el fondo pensaba como mi padre, que aquello ni era deporte ni era nada, y desde mis capacidades deductivas no alcanzaba a comprender como se procedía de inmediato a separar a cualquiera que se encontrara en la calle, inmerso en una pelea, mientras jaleabas a dos tipos, algunos casi adolescentes, para que se mataran a tortas en un cuadrilátero. Siempre pensé que aquello tenía la misma fecha de caducidad que los toros, que también me parecía la mayor incultura dentro de lo que por entonces se entendía por cultura. Y por eso estaba convencido de que cuando llegara a tener la edad que tengo hoy, cualquiera de aquellas prácticas tanto una como la otra serían ya historia enterrada, especialmente con la incorporación al mundo de los hombres, del punto de vista de las mujeres.

Han transcurrido 50 años desde la época en la que creía aquello y como en casi todo no acerté al cien por cien o eso pensaba anoche cuando en Youtube me tropecé con un combate entre dos chicas jóvenes enfrentándose en una disciplina, afortunadamente no reconocida a nivel mundial, como es el Muay Thay, también denominado en el mundo anglosajón “Thai boxing” y en el hispano “boxeo tailandés”. Parece un sarcasmo que se reconozca como “El arte de las ocho extremidades” a una de las técnicas de contacto más peligrosas, en las que vale casi todo, golpes de puños, pies, rodillas, codos o incluso luxación. Y me sentía muy triste viendo la cara desfigurada de esas dos niñas que si no se parten la crisma un día de estos, lo que igual era mejor, terminarán pareciéndose al “Potro de Vallecas” en feas y en perdidas.

We are who we are

He aquí una pequeña joya dentro de este inflado universo de series en el que nos encontramos inmersos, se trata de We are who we are(Somos quienes somos), la miniserie de 8 episodios de 50 minutos cada uno, creada por el director italiano Luca Guadagnino para HBO y Sky, y que se convertirá en su primera serie televisiva.

La acción tiene lugar en una base americana ubicada en Chioggia, ciudad de cincuenta mil habitantes perteneciente a la provincia de Venecia, al norte de Italia y los protagonistas son dos adolescentes Fraser, un chico introvertido y brillante al que da vida Jack Dylan Grazer, hijo de la comandante recientemente llegada a la base para tomar el mando y Caitlin, hija de un militar que ha crecido en la base a la que da vida Jordan Kristine Seamón que se estrena profesionalmente en esta serie y que forman parte de una pandilla de chicos «Queer «

Muchos hablan de una infancia feliz que yo no tuve porque fui preso de la polio, a consecuencia de la cual me pasé la infancia escayolado y recuperándome de las múltiples operaciones a las que fui sometido y por ello casi no recuerdo nada, excepto que no fui feliz, sin embargo si lo fui a la misma edad que los chicos en los que se centra la serie, tiempo de incertidumbre si, pero también de libertad en el que tu única obligación es estudiar y apresurarte por encontrar tu propia identidad.

Para relatar esto tan complicado, Guadagnino utiliza un poderoso lenguaje audiovisual, en el que la imagen, los planos desde distintos ángulos y primeros planos, las diferentes tomas o la luz, adoptan todo el protagonismo porque todo es consecuencia de un lenguaje no verbal en el que apenas se utilizan algunas frases cuando resulta imprescindible para situar al espectador en contexto. En los dos primeros capítulos esto se nota enormemente porque se repiten exactamente las mismas escenas, aunque contadas visualmente desde el punto de vista del chico, es decir lo que este ve, y en el otro, desde el punto de vista de la chica.

Todo obedece a un extraordinario alarde de destreza que te sumerge en el autobús, en vivencias e intimidades y te ayuda a sufrir con ellos y por ellos. Además el creador no esquiva nada, habla abiertamente de todo, del amor al margen de las relaciones hetero, homo, trans, pero también de las relaciones filiales, creencias y sensaciones en las que en todo momento está presente la música que tiene una gran importancia, bastante más que el guion.

Los humanos y más a esa edad estamos solos, como huérfanos por ausencia de los padres ha dicho el director en algunas entrevistas, pero yo creo que se tienen a ellos como nosotros en mi generación, nos teníamos a nosotros. Los hombres vivimos y morimos siempre solos y es solo gracias a la presencia del amor o la amistad que a veces creamos la ilusión de que no es así. Maravillosa serie a la que dadas las características que he descrito hay que prestar atención para disfrutar sin perderse nada. Para mí, el último episodio es el mejor.

Cuenta en Filmaffinity con 7 puntos y una exigua SINOPSIS que dice lo siguiente:

Dos adolescentes estadounidenses alcanzan la mayoría de edad mientras viven en una base militar estadounidense en Italia.

Como ya he dicho, en esta miniserie tiene especial relevancia la música a cargo del músico y compositor británico Devonté Hynes, también vocalista de Blood Orange y que aparece en el episodio de cierre de la serie en un concierto que tuvo lugar en Bolonia. Todos los temas que suenan han sido exquisitamente elegidos, sonando Prince, Radiohead, David Bowie, Kanye West, Frank Ocean, Chance The Rapper, Neil Young o The Rolling Stones, por ejemplo.

Soundtrack de la serie en Spotify:
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Mentiras y traiciones

España ha atesorado a lo largo de su historia individualidades literarias, científicas e intelectuales de calidad y alcance internacional, genialidades singulares, mientras la masa atesora cifras realmente frustrantes en cuanto a cultura social y académica.

Estos días tanto la prensa escrita como la digital, pero sobre todo las redes sociales exhiben su lado más cutre e ignorante, insultando al gobierno, al que califica de traidor por su pacto con Bildu. La mayoría son seguidores, sin otros escrúpulos que el convencimiento de sus propios sesgos ideológicos, del Partido Popular alentados por titulares como el de El Mundo de hoy “ El PP frena otra vez la renovación del CGPJ por el pacto del Gobierno con Bildu”. Por otra parte, seguidores de Vox, convierten en virales fotos de los entierros de socialistas asesinados por ETA para apoyar su cochino y desestabilizador argumento de calificar como traición a sus propios caídos, los pactos para la elaboración del presupuesto nacional.

Los españoles sabemos poco de historia, pero además de ignorarla, la despreciamos y como afirma “Iñaki Gabilondo sobre la agrietada familia socialista” todas las fuerzas políticas sin excepción, empezando por el propio Partido Popular, prometieron respeto y lealtad institucional a los etarras y los que les apoyaban, si deponían armas y defendían sus opciones e ideología nacionalista en el Parlamento.

Iñaki Gabilondo sobre la agrietada familia socialista.

Y lo hicimos todos cerrando filas, cambiar las armas por el parlamento y seréis respetados. Sin embargo y aplicando una carambola ideológica vergonzante, convertimos aquel generoso ofrecimiento en un “donde dije digo, digo diego” Olvidando que aquello adjuntaba un precio alto que pagar.

Así, en las elecciones de diciembre de 2015 se rompió definitivamente el bipartidismo y los españoles votaron un arco parlamentario abierto en el que pactar para gobernar resultaba imprescindible, y no quiero hablar de culpables pero lo fueron todos, el PSOE y el PP los mayores culpables porque primero uno y luego otro se entregaron a la corrupción para abandonar el interés general y refugiarse en la perpetuación del poder a cualquier precio.

A eso le siguieron confrontaciones de las derechas y de las izquierdas que dieron paso a un parlamento absolutamente ingobernable si no se admite por parte de todos que esa exigua diferencia de apenas un puñado de votos entre fuerzas políticas antagonistas, representan la realidad de nuestro país, una representación de la voluntad del pueblo que todos debemos respetar si pretendemos seguir llamando democracia nuestra forma de articular la política.

Llegado a este punto me gustaría significar la actitud de la prensa cuando por un lado carga contra Bildu como si la guerra en Euskadi estuviera aún abierta y ETA siguiera activa, mientras tiende puentes de plata para los asesinos de Atocha. Una hipocresía que también supondrá un coste y la realidad que se está viviendo en EEUU, hoy nos puede parecer lejos pero la experiencia me dice que no tanto.

Los Favoritos de Midas

Inspirada en el relato «The Minions of Midas» de Jack London escritor norteamericano que forma parte de mi imaginario juvenil, siendo Colmillo Blanco una de mis primeras lecturas; Mateo Gil dirigiendo y siendo además coautor del guion junto a Miguel Barros, han creado para NETFLIX este thriller de difícil clasificación «Los Favoritos de Midas«, una miniserie de 6 episodios de aproximadamente 50 minutos cada uno.

Mateo Gil es guionista habitual de Amenábar, con qauien ha obteniendo 4 Goyas que curiosamente nunca recogió, y Miguel Barros, fue el autor del guion de Gigantes para Enrique Urbizu, con esto nos podemos hacer una idea de las cabezas que están detrás del proyecto.

El cuento original que inspira a los creadores de la serie fue escrito en el contexto de principios del siglo pasado y en ese sentido y sobre todo en el final de la trama, poco se parece a la miniserie de la que hablamos cuyo contexto es hoy y el escenario España, aunque toda posible relación con la realidad es pura coincidencia, pues lo que prácticamente se plantea es un escenario distópico.

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