Minx

Ágil, agradable, divertida y humana.

De 10 episodios de 30 minutos, o lo que es lo mismo, 5 horas de grabación, perfectas para un maratón dominguero de televisión, se compone esta serie de comedia norteamericana escrita y dirigida por Ellen Rapoport con la ayuda de Rachel Goldenberg, estrenada en HBO esta primavera.

Se trata de una de esas joyitas con las que nos obsequia de cuando en cuando la cadena de pago por visión, que protagonizan  Ophelia Lovibond y Jake Johnson en los principales papeles, pero acompañados por un excelente elenco de actores, que dan vida a personajes de lo más diversos que pueblan la redacción de Minx, la revista motivo principal de esta serie.

Existe en la realidad una revista para adultos en EE.UU. que fue fundada en 1973, destinada a la mujer heterosexual y  gays, que nació como respuesta a las revistas para adultos masculinas y que aún se edita (Playgirl ), sin embargo, aunque la creadora de Minx se pudiera haber inspirado en ella, la serie que comentamos es pura ficción, de forma que crea un ambiente setentero, pero con situaciones y diálogos más propios de la era actual.

La serie cuenta la historia de una chica feminista, recién salida de una universidad privada exclusiva para mujeres, que tiene entre manos el proyecto de lanzar una revista para el público femenino que plante cara al hetero patriarcado. Pero en un mundo dirigido por hombres no encuentra el editor adecuado hasta que topa con uno de revistas porno habituales para hombres, que está dispuesto a apoyarla si admite incorporar desnudos masculinos a sus sesudos artículos reivindicativos, sustentados en la promoción del matriarcado.

Además de inteligente y ágil, la serie resulta agradable, divertida y humana. Con situaciones brillantes, como la escena en la que un modelo masculino, bellísimo, cruza desnudo la redacción de la revista, con su atributo masculino de más de veinte centímetros al aire y mascullando frases en favor del matriarcado. He visto más falos de todos los tamaños, formas y edades en esta serie que en el resto de películas y series que haya podido visualizar en toda mi vida, pero ninguna escena resulta pecaminosa, obscena u oportunista, todo sucede de una manera natural y desenfadada, sin segundas intenciones y sin apenas sexo. En definitiva, una serie recomendable para pasar una divertida y agradable velada.

Cuenta con una puntuación de 6,9 en Filmaffinity y una SINOPSIS que dice lo siguiente:

En Los Ángeles de los años 70 Joyce (Ophelia Lovibond), una joven feminista, muy seria, decide unir fuerzas con un editor y publicista de poca monta (Jake Johnson) para crear la primera revista erótica para mujeres.

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Miedo al miedo

Mejor morir de pie que vivir arrodillado.

Hoy he desayunado escuchando de fondo dos noticias que parecen contradictorias. Por un lado, y probablemente, a consecuencia de una buena gestión del ejecutivo, «El mercado laboral supera por primera vez los 20 millones de afiliados en un abril de récord de contratos indefinidos«, y otra, según la que una encuesta indica que la unión de escaños obtenida en unas supuestas elecciones que se celebraran hoy, la derecha junto a la ultraderecha se haría con el poder. Una de dos, o a las encuestas las carga el diablo, o los españoles seguimos teniendo la mala praxis de pegarnos un tiro en el pie.

Decía la actual Ministra de igualdad de nuestro gobierno de coalición, doña Irene Montero, en entrevista que se le hizo en La Fábrica, que el poder, no importando en qué posición política nos encontremos, envía mensajes constantes recordando que tú no lo tienes aunque hayas sido elegido democráticamente. Lo hacía, intentando alcanzar una explicación al acoso sufrido por ella y su familia durante mucho tiempo, protagonizado por unos descerebrados carentes de argumentos (algunos militantes y figuras de VOX) que, ante su casa e impunemente, lanzaban proclamas fascistas todo el día.

Lo recuerdo hoy que está en boca de todos «Pegasus«, un spyware desbocado que nadie parece controlar y que ha conseguido infectar los móviles de numerosos políticos en medio mundo. Supuestamente, los israelíes, propietarios del software, solo se lo venden a gobiernos, tiene bemoles la cosa. Se ve que el poder ha puesto en marcha un nuevo ventilador del miedo y la sospecha.

Tener miedo al miedo es lo último que nos puede pasar, decía Julia Otero a Jordi Ébole en una reciente entrevista emitida por la Sexta. Esto lo dice una extraordinaria periodista, de trayectoria intachable por la que ha pasado el rodillo del cáncer y también el rodillo del poder cuando fue expulsada de la televisión pública por intereses políticos, encontrándose en el gobierno de España, Jose María Aznar, al que ella no culpa directamente, pero yo sí. Aunque no fue este el único affaire que sufrió.

Cuando Onda cero pasó a ser propiedad de telefónica, dirigida por un amigo de Aznar y hago este apunte porque en ciertas cosas no creo en la casualidad. Fue sustituida, a pesar de ser líder de audiencia, por la también periodista  Marta Robles, al frente de Julia en la onda, con el argumento de que su programa era demasiado «elitista» e «intelectualmente elevado» haciendo, con ello, flaco favor a las dos. A una expulsándola por inteligente e independiente y a la otra incorporándola por tontina y domesticable.

Cuando yo tenía 20 años era razonablemente feliz y no por lo que lo son algunos chicos y chicas hoy. No precisamente por obtener muchos likes en las redes sociales, tampoco había móviles, ni nada que hiciera sospechar que los llegaríamos a tener. Militaba en una célula de izquierdas que luchaba activamente contra el dictador y en favor de la democracia y nuestros ojos con frecuencia miraban hacia EE.UU. como portador de libertades. Por aquel entonces se escuchaba que allí, habían conseguido despenalizar el aborto y el personal femenino de nuestros grupos de lucha estaban alborotados, lanzaban proclamas en la intimidad contra el patriarcado, porque lo de salir a la calle para hacerlo fue mucho más tarde. Solíamos decir que todas las modas comienzan en aquellos lares, pero terminan llegando al resto del mundo occidental, por lo que 50 años más tarde, o sea hoy, todo sería maravilloso.

Desde el mismo lugar, nos llegan hoy vientos de miedo y retroceso de libertades que también se sienten aquí en muchos órdenes y por ello no dejo de pensar en la frase de Julia Otero y me pregunto si yo terminaré por sentir el miedo al miedo del que nunca fui cautivo.

La chica de Oslo

Previsible y convencional

Como Fauda, comentada aquí días pasados, la serie Bortført (secuestrado), que para el mundo hispano se ha traducido como «La chica de Oslo», ha sido creada dentro del contexto del conflicto árabe-israelí. Se compone de 10 episodios de 35 minutos y fue producida conjuntamente por las cadenas privadas TV2 de Noruega y Hot de Israel.

Se trata de un thriller político de ficción, creado por Kyrre Holm Johannessen y Ronit Weiss-Berkowitz, autores del guion y dirigido por Stian Kristiansen y Uri Barbash. Se estrenó en abril del pasado año en la TV2 noruega y está disponible desde diciembre en NETFLIX. Su casting está compuesto por:  Anneke von der Lippe, Andrea Berntzen, Amos Tamam y Raida Adon.

Una joven noruega viaja sin conocimiento de sus padres a Oriente próximo y es secuestrada por el Dáesh con el objeto de chantajear al gobierno de Israel. Su madre, desesperada, viaja hacia allí con la intención de liberarla. Para ello cuenta con ayuda de viejos amigos a los que conoció con motivo de los Acuerdos de Oslo en los que participó. Ese es el fundamento de la serie. Un planteamiento que resulta creíble e intrigante a la vez, por lo que engancha de inmediato. No obstante, y a pesar de que la serie mantiene un constante suspense, a medida que avanza la trama resulta menos creíble. Bien filmada y con unos personajes que resultan atractivos, los sesgos y clichés se van apoderando de la serie haciendo cuestionables sus giros y desembocando en un final convencional en el que los buenos salen bien parados y los malos malísimos mueren o pagan un alto precio. A lo mejor soy en exceso exigente y por ello, acaso, para los amantes de este subgénero de suspense político, resulte atractiva.

Cuenta en Filmaffinity con una puntuación de 5,6 y una escueta SINOPSIS que dice lo siguiente:

Serie de TV (2021-). Cuando secuestran a su hija, una diplomática noruega viaja a Oriente Medio decidida a liberarla con la ayuda de unos viejos amigos.

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Abstención-Normalización

Futuro tan incierto como no deseado

Se sienten suspiros de alivio, sobre todo en la izquierda, pero también en la derecha moderada. No entiendo ninguno, estas elecciones solo indican que la cosa va empeorando de manera progresiva, lenta pero sin pausa. Como indica la propia candidata extremista Le Pen, ellos han alcanzado techo en una Francia que siempre votó al centro-izquierda, aunque yo pienso que en realidad han alcanzado el verdadero triunfo en lo que se refiere a la normalización de las posiciones ultras.

El sistema electoral francés de la segunda vuelta, cuando los elegidos para la presidencia son solo dos y están tan juntos en cuanto a posibilidades, es casi una lotería porque cabe preguntarse ¿qué hubiera pasado si todos aquellos que le votaron el domingo y que no le tragan, hubieran decidido al final, quedarse en casa por envidia, cabreo etc. como hicieron tantos otros que no movieron el culo del sofá? Pues que hoy los alivios serían lamentos y Macron pasaría de rey a villano.

Francia representó siempre para el resto de Europa el reservorio de Libertad, Justicia y Fraternidad, pero sobre todo para los españoles por razones de proximidad. Algunos interiormente sentíamos el pálpito de que si la cosa se ponía mal, cruzar los Pirineos no era tan difícil. Eso o, sobre todo, después del 74, cuando tuvo lugar la Revolución de los claveles, nuestra valiente y amable Portugal era y sigue siendo otra opción.

No es lo mismo que un país como Hungría caiga en manos de los ultras. Si Francia lo hace, la normalización será general y detrás irán otros países. Así, después de que los cabreados y antisistema comprueben las consecuencias del desatino, no habrá otra opción que comenzar de cero y partirnos la cara.

Hit & Run

Sobreactuada y poco creíble

Hit & Run (Atropello y fuga). Serie israelí producida y distribuida por NETFLIX, estrenada en 2021 y rodada en inglés.

Fue filmada entre Tel Aviv y Nueva York y, sin duda, aprovechando el éxito de la serie Fauda, el gigante del streaming consideró conveniente utilizar a Lior Raz y  Avi Issacharoff, los creadores de aquella, aunque en este caso, ayudados por otros profesionales. El protagonista, como en aquella, es Lior Raz que, en este caso, según mi opinión sobreactúa en exceso.

La serie se compone de 9 episodios de 45 minutos de ación trepidante, si bien en otros momentos se torna tediosa y poco creíble. Entiendo que el guion está mal planteado y peor resuelto. Comienza bien, con una historia que puede resultar creíble e intensa, si bien, ya desde los primeros capítulos se antoja complicada, pero a medida que avanza, resulta más inverosímil, apresurada y sin un desarrollo claro.

La serie termina con una interrogante artificiosa e improvisada, dando pie a una segunda o sucesivas temporadas, aunque NETFLIX ya anunció que abandona el proyecto por su alto costo. No la aconsejo porque se me antoja un fracaso más de la cadena de pago por visión en su carrera por incorporar novedades internacionales con el objeto de mantener una audiencia que, precisamente estos días, hemos sabido, que continúa perdiendo suscriptores.

Cuenta en Filmaffinity con una puntuación de 6,2 y una SINOPSIS que dice lo siguiente:

Serie de TV (2021). 1.ª temporada: 9 episodios. En Israel, la vida de Segev Azulai (Lior Raz), guía turístico y antiguo mercenario, ahora felizmente casado con Danielle Wexler (Kaelen Ohm), una bailarina norteamericana, da un giro inesperado cuando ella muere en un misterioso atropello con fuga en las calles de Tel Aviv.

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Fauda

Por su propia seguridad, no están entrenados para pensar.

Fauda es una palabra árabe que en castellano significa caos, pero además, es el título de una serie israelí filmada en árabe y en hebreo que podemos encontrar en NETFLIX. Se compone de 3 temporadas de 12 episodios cada una y 40 minutos de duración.

La frase «SERIE ORIGINAL DE NETFLIX» corona cada uno de los capítulos, sin embargo, es un hecho que en principio fue propiedad de la cadena de televisión por satélite YES, emitiéndose en Israel, para pasar efectivamente a ser distribuida por el gigante del streaming un tiempo más tarde.

Está escrita y dirigida por sus creadores: Lior Raz que además, es el actor protagonista que da vida a Doron Kavillio, un agente de las fuerzas especiales israelíes y Avi Issacharoff ; ambos con vivencias personales mientras cumplían el servicio militar en la  Unidad Duvdevan.

El tema de la serie no va tanto del conflicto árabe-israelí aunque sea este el contexto en el que se desarrollan las acciones, como en la caza de un temido terrorista, al que se atribuyen 116 israelíes fallecidos en diversos atentados, de nombre Abu Ahmad, apodado «El pantera». Y, aunque se trata de una ficción sin valor histórico, se inspira en la caza de este terrorista y en las acciones de una unidad clandestina a las órdenes directas del ministro de defensa israelí, infiltrada en territorio palestino.

Tanto la acción como las imágenes y planos dotan a la serie de un notable realismo derivado, sin duda de las experiencias de sus creadores y también, de algunos otros actores que igualmente hicieron el servicio militar en unidades especiales del ejército.

Las series más modernas, están creadas como un todo dividido en capítulos para facilitar su visión, pero Fauda parece estar pensada para emitirse como las telenovelas de siempre, episodios de 40 minutos y previendo su continuidad cuanto menos, en tanto siga contando con el favor del público.

No obstante lo dicho, en la serie se observan considerables sesgos como no podía ser de otra manera, tratándose de una serie dirigida al pueblo israelí. Un país que presume del respeto a los derechos humanos, laico en su mayoría y moderno frente a la intolerancia y atraso del pueblo palestino. En este sentido, destaca las diferencia de la mujer palestina, poco culta, ultra dependiente de la familia y con poca formación en su mayoría, frente a la mujer israelí, moderna, inteligente, formada y libre, sobre todo en el aspecto sexual, como confirmación de esas diferencias culturales que parecen irreconciliables por ambas partes.

Otra observación atribuible a la intención de la serie de satisfacer los sesgos de sus espectadores es, precisamente, que no ahonda en el conflicto, no habla sobre los asentamientos ilegales y pasa de puntillas sobre las purgas y los excesos del ejército y los ultra ortodoxos. Esto es tanto así, que Hamás está rodando en un estudio de TV, una serie alternativa a Fauda.

Desde mi punto de vista, la serie es recomendable por sus acciones trepidantes y adictivas que provocan subidas constantes de adrenalina, si bien, a lo mejor, la puntuación en Filmaffinity podía ser algo menor.

Cuenta en Filmaffinity con una puntuación de 7,3 y una SINOPSIS que dice lo siguiente:

TV Series (2015-actualidad). 3 temporadas. ‘Fauda’ («Caos» en árabe) narra cómo una cadena de peligrosos eventos se desata cuando Doron, un veterano agente israelí retirado, tiene que volver a la acción para intentar dar caza a Abu-Ahmed, un famoso activista palestino, militante de Hamas, al que todos daban por muerto.

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Drive my car

Maravillosa oda a la vida.

Drive my car es una película dramática de producción japonesa, dirigida por  Ryūsuke Hamaguchi que es además autor del guion junto a Takamasa Oe. Fue estrenada en 2021, galardonada en los Óscar como mejor película internacional y podemos encontrarla en FILMIN. El guion está basado en el cuento homónimo de Haruki Murakami que abre su libro de relatos «Hombres sin mujeres» editado en 2014. Son actores protagonistas: Hidetoshi Nishijima, Tōko Miura, Masaki Okada y Reika Kirishima.

No resulta sencillo hablar de un filme en el que la trama no importa tanto como lo que no se dice, lo que se ve y lo que se siente. Las obras completas de Antón Chéjov editadas en papel biblia, rodaban por mi casa en una etapa de mi adolescencia en la que el sufrimiento y las tendencias suicidas poblaban mi mente y me gusta pensar que gracias a Chéjov y Ciorán logré por fin, ver una luz al final del negro túnel en el que me encontraba sumido. En esta película, «El tío Vaina» la obra dramática por excelencia de Chéjov también es una constante y algo similar a lo que me ocurría leyendo al célebre autor, siento al terminar de ver esta película. Como dice el personaje principal, Chéjov es horroroso y nunca sales indemne de sus textos. Así yo también parezco sentirme diferente y por ello, por plasmar las primeras impresiones, me apresuro a escribir este texto antes de volver a verla, lo que haré en breve.

La película dura 3 horas, cosa que siempre induce al rechazo y la pereza en el espectador. En lo que a mí respecta, siempre he pensado que si no puedes contar una historia en hora y media de cine, empieza de nuevo o desiste, sin embargo, fui anotando qué escena o escenas se podrían suprimir o reducir para acortar el tiempo final y no se me ocurre ninguna. Pero, además de no encontrar nada de lo que poder prescindir, es que no se me hizo larga, de hecho, pasó mucho más rápido que otras a las que me he enfrentado de menos duración.

Dejarse impregnar por la luz, la música, la fotografía o los grandes silencios y planos generales, casi estáticos, mientras un texto poblado de matices te invade, ha resultado para mí una experiencia casi mística. Por otra parte, Hamaguchi habla de manera desbordante del amor, la infidelidad, la perdida de seres queridos, el sentimiento de culpa y como superarlo, pero sobre todo de la necesidad de continuar hacia delante a pesar del peso y las taras de sufrimiento que la vida te va incorporando, utilizando en cierta manera ese viejo Saab rojo de techo corredizo como símbolo de esa continuidad. En definitiva, una obra muy bella que me cuesta calificar como obra maestra porque me llevo mal con esa terminología, pero considero que toda persona amante del séptimo arte debe ver.

Cuenta en Filmaffinity con 7,1 puntos y una SINOPSIS que dice lo siguiente:

Pese a no ser capaz de recuperarse de un drama personal, Yusuke Kafuku, actor y director de teatro, acepta montar la obra «Tío Vania» en un festival de Hiroshima. Allí, conoce a Misaki, una joven reservada que le han asignado como chófer. A medida que pasan los trayectos, la sinceridad creciente de sus conversaciones les obliga a enfrentarse a su pasado. 

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Comentarios de FERNANDA SOLÓRZANO