Escribiendo la última decadencia

Cuando “pelo escoba cara de polla Trump” dijo en una TV de su país durante “horario prime time” que podría pegarle un tiro a alguien en la Quinta avenida y que no le pasaría nada, los medios de comunicación de medio mundo se rasgaron las vestiduras porque no entraba en sus cabezas que todo un presidente de la todopoderosa Norteamérica pudiera decir algo así, y en realidad lo que decía no tenía mérito alguno pues de hecho, gente más chunga que él ya lo habían llevado a cabo como la familia Soprano o cualquier otro de los mafiosos que recordó Scorsese en escena y lo habían hecho sin darse tanta importancia. Pero en aquellas afirmaciones que le sirvieron de entrenamiento y tanteo y en otras muchas que vinieron después se asentó el tipo de germen de la credibilidad que absorben con facilidad, las cabezas descerebradas del tipo de “mamones” que más tarde son capaces de presentarse en cualquier parlamento del mundo para reventarlo si el tipo que lo decía en la tele y en las redes sociales, se lo pide.

Salvando las distancias es como cuando “Abascalín perilla hueca” presume a gritos de no ser “un picha floja” que seguramente es lo que es, y lanzar bravuconadas para currarse votos que le permitan a él y los suyos vivir de “puta madre” a cargo del Estado sin pegar golpe, le dijeran todos lo que piensan a cada paso como lo estoy yo haciendo ahora, a lo mejor podíamos lograr que nunca llegara a alcanzar todos los que necesita para ello.

Porque a toro pasado siempre es tarde y la oposición en EE. UU. está acusando a Trump de sedicioso y de dar un golpe de estado, pero eso no son más que tonterías sin significado, porque todo el mundo sabe que un golpe de estado es lo que dio aquí Tejero por ejemplo, y no cuatro feos con cuernos y pieles entrando en el Parlamento. El golpe, no de estado, sino en el pie se lo dará la democracia si no lo procesan por llevar disparando contra las instituciones desde que supo que tenía altas probabilidades de perder las elecciones, apretando el gatillo cada día de toda esa panda de fanáticos, pobres desgraciados que poca culpa tienen.

Y si no lo hacen, queda claro que la libertad y la democracia se encuentran en claro retroceso y con los jóvenes sin querer saber nada, sin tomarse en serio las cosas, pero esto si no lo arreglan ellos, no lo va a arreglar nadie así que se tendrán que poner las pilas o estaremos escribiendo los ritmos de la última decadencia de occidente.

Los olvidados

El pasado 26, el diario El País publicaba un reportaje relativo a las denuncias presentadas contra las residencias por familiares de abuelos que murieron en ellas, recogiendo su dolor por sentirse culpables de no haber hecho más, una impotencia que se observa incluso en la redacción realizada por los periodistas firmantes del artículo.

Quizá la primera pregunta que nos deberíamos hacer es qué escenario social deseamos para nuestros olvidados, las mujeres y hombres cuya vida exprimimos mientras fueron útiles y que luego parecen estorbar. Como dice Joan Margarit: “Nos preparan para abrir la tienda o el supermercado, pero no para ser viejos” Tenemos que estudiar sobre todo carreras técnicas y producir y reproducirnos para llenar la tierra de crías y mantener la demografía en niveles que permitan al sistema seguir vivo. Pero algo más habrá que hacer para evitar que los viejos lleguen a una edad en que se pregunten ¿Y ahora que hago?

La pandemia ha puesto en evidencia una realidad que viene de atrás. Creamos jaulas para encerrar a los abuelos y quitarnos un estorbo por estar muy ocupados en cumplir con los roles del trabajo y ocio acordes con nuestra edad. La idea fue tan buena que el capitalismo pronto se percató del negocio y creó emporios, algunos de ellos de dimensiones impersonales, pasaron a ser gestionados por fondos buitre cuyos inversionistas paradójicamente también eran abuelos.

Pedro recuerda que cuando en solitario fue a enterrar a su padre, temió estar sepultando una caja vacía porque no pudo verlo y únicamente le entregaron el reloj que llevaba encima pero no encontraron ni su cartera ni DNI. Ahora espera una justicia que no llegará tampoco porque las administraciones responsables se están ocupando de echar tierra al asunto y olvidar a los abuelos otra vez.

Un magistrado del Tribunal Supremo reconoce que difícilmente prosperarán los procedimientos penales, cuando los hospitales rechazaban ingresos de las residencias por fuerza mayor, pero ve muy claras las demandas civiles posteriores para una indemnización, lo que equivale a decir que sus familiares recibirán como mucho un puñado de euros que pagaremos entre todos para que los verdaderos culpables, se vayan de rositas como el director de la residencia ELDER de Tomelloso, un tipo de 31 años, concejal del Partido Popular que estudió periodismo y director gracias a que su padre era el dueño del patronato y desapareció al primer contagio dejando a los empleados a su suerte. Ningún juzgado quiere abordar seriamente esta patata caliente y los casos se están quedando en audiencias provinciales carentes de medios que es el paso final para su olvido definitivo, en especial ahora que nos encontramos en el principio del final de la pandemia.

Un día feliz

Si, hoy jueves 17 a las puertas de la Navidad de 2020, me siento feliz porque cuando casi había perdido la esperanza, se aprobó por fin La Ley de Eutanasia.

He dedicado media vida a la lucha por el derecho a una vida digna de las personas con diversidad funcional o lo que es lo mismo la vida independiente de estas personas y la figura del asistente personal como la mejor manera de aplicarla.

Y la otra media al derecho a morir dignamente y siempre que escribí sobre ello, lo hice con dolor por tener que despedirme de algún amigo y porque la legislación de mi país, le obligó a acudir a su encuentro con la muerte de manera clandestina. Hoy sé que esto ya no volverá a pasar.

Yo también me he preguntado muchas veces, al igual que lo hiciera Ramona Maneiro, como era posible que desde la muerte en suicidio asistido de Ramón Sampedro en 1998, no se hubiera avanzado apenas nada a pesar de la repercusión que tuvo el evento, recogido en la película «Mar adentro» de Amenábar, y sobre todo por el impedimento de una derecha, religiosa, oscura, reaccionaria y decadente que lo impedía. Porque esta vez, también le debo a la izquierda el valor de impulsar la ley, aunque deba ser justo reconociendo a todos los que desde otras formaciones le permitieron obtener la amplia mayoría parlamentaria que se necesitaba.

La última vez que escribí sobre la eutanasia, lo hice para referirme al suicidio de mi amigo Antonio Aramayona, en un artículo publicado en La Nueva España en el que a su vez hacía alusión a la última entrada en el blog del profesor, donde se despedía con una carta y un audio de todos sus seguidores y amigos. El profesor Aramayona, era un hombre culto y luchador, un filósofo que a la antigua usanza impartía enseñanza con el ejemplo, militancia a favor de una educación digna y universal, un país verde, una sociedad sostenible y no tenía una enfermedad terminal aunque como yo estaba en una silla de ruedas y sufría las mismas penalidades del paso del tiempo, arrastrando dolencias que acrecientan nuestra discapacidad cada día. Un tiempo antes de que decidiera poner fin a su vida hablé con él, ¿Cómo lo vas a hacer, le pregunté? Porque yo aún no estoy muy mal, pero si llegara el momento no sé donde acudir y me respondió que no me preocupara y llamara a la asociación “Derecho a morir dignamente”, que ya les daría cuenta de mí y que ellos me proporcionarían lo necesario, al menos, ambos teníamos la suerte de poder ingerir la poción sin implicar penalmente a nadie. Entre nosotros no hacían falta muchas palabras para entendernos y nos despedimos con alegría. Por eso, cuando supe de su muerte no me sorprendió aunque ignorara la fecha exacta en la que esta tendría lugar.

El caso es que yo nunca he querido acceder a ese tipo de subterfugios. Llegado el momento quería disponer de una ley de mi propio país, que me permitiera acudir al encuentro con la muerte con los papeles arreglados, libre y a poder ser, en solitario, por eso nunca me puse en contacto con la asociación DMD y hoy puedo sentirme al fin liberado por no tener que hacerlo.

Equilibrio

Interesante artículo que habla de Timnit Gebru, investigadora en inteligencia artificial ética, despedida por la multinacional Google y que ha generado una tormenta en varios niveles no solo dentro de la propia empresa, sino también entre la comunidad científica internacional por tratarse de una ingeniera muy valorada dentro de la minería de datos y fundadora de Black in AI, una comunidad de investigadores negros que trabajan en inteligencia artificial. 

“Las injusticias estructurales que hay en la sociedad permean los datos. Es muy difícil encontrar datos no sesgados porque la sociedad está sesgada”, explica Ariel Guersenzvaig, profesor de la Escuela Universitaria de Diseño e Ingeniería Elisava (Barcelona).

Esto, dentro de mi propia experiencia, lo he intuido siempre y de una empresa del tamaño de Google que además, va por la vida repartiendo bondades y humildades como si fueran el nuevo mesías salvador de la raza humana, no se iba a esperar menos.

Pero lo importante es el equilibrio y desde mi punto de vista, consistiría en que todos intentáramos en cada momento que vivimos, luchar contra nuestros propios sesgos, intentar que se atenúen, domeñarlos antes de actuar en consecuencia. Algo como lo que pretendemos con el cuidado del medio ambiente: “No podemos salvar el mundo del desastre ecológico, pero podemos deshacernos de la basura que generamos de manera consecuente intentando que la situación no empeore«.

Por razones de mi situación física no estándar he sufrido discriminación de una u otra manera y en uno u otro momento de mi vida y con el tiempo alcancé a comprender que en todos mis actos e incluso en mi actividad cotidiana, tanto cuando lo hacía como ejecutivo desde un puesto de responsabilidad, como cuando simplemente colaboraba en una asociación, debía ser consciente que estos, no solo me afectarían en lo personal sino que afectarían a todo el colectivo al que parecía pertenecer o al que me asemejaba.

Quizá lo único acertado que se puede leer respecto al despido de Gebru para alejarse del ruido de fondo, sea la opinión de Mara Balestrini, doctora en Ciencias de la Computación por el University College of London, cuando dice que «el documento en cuestión es probablemente una excusa para sacarse de encima a una persona que les estaba resultando problemática”.

Y volviendo a mi experiencia personal, puedo agregar, que nunca fui despedido por razones profesionales, pero siempre tuve grandes problemas cuando plantaba cara a la empresa por razones de trabajo, justicia, discriminación, etc., y no solo en las empresas para las que prestaba mis servicios sino también en asociaciones o corporaciones sociales, fundaciones, etc., porque implicarse a favor de una causa justa o plantarse ante un acto discriminatorio siempre pone nervioso a quien intenta, a veces de manera honesta, mantener a flote un proyecto preservándolo de las piedras que se le van presentando en el camino.

TODOS IGUALES

El artículo 14º de nuestra constitución está redactado de la siguiente manera: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, sin embargo, tanto este artículo como otros referidos al trabajo, o la vivienda, nunca se han cumplido lo que me lleva a pensar que la constitución, ese libro casi elevado a escritura sagrada por los poderes fácticos, es poco menos que “papel mojado”.

Que todos los españoles no somos iguales ante la ley y que la monarquía está «hecha unos zorros» y más cuestionada que nunca, lo demuestra el rocambolesco “affaire” del monarca emérito, fundador del mal denominado por algunos “Juancarlismo”; a partir del momento en que quedaron claras cuáles eran sus disimuladas prioridades, ocultas bajo su cara inocente y bonachona, a saber, cazar elefantes junto a millonarios, coleccionar “buenas señoras” o señoras que estén buenas (no sé como decirlo), pagar sus favores a un precio que ni la más costosa meretriz imaginaría, además de pillar pasta en negro por la cara para colocarla en paraísos fiscales antes de refugiarse en un estado feudal y totalitario, donde no se respetan los derechos humanos, para evitar ser llevado ante los tribunales españoles. Ahí es nada.

Ayuso, la privilegiada presidenta “pepera” de Madrid, remachaba en la cámara el asunto para el que no lo tuviera suficientemente claro: «la ley es igual para todos, pero no todos somos iguales ante la ley» decía la condenada, con dos ovarios, de seguir así, terminaré por admirar a esta señora.

Y es que al exmonarca o ex (lo que sea), no lo ha traído la guardia civil esposado desde su refugio como hicieran con Luis Roldán, no, este ha venido cómodo, protegido por calefacción y guardaespaldas, sin cuarentenas ni mierdas, para acercarse a hacienda y entregarles un papelito con dos escuetos párrafos (para qué más?) reconociendo que se ha portado como un chorizo, pero que no volverá a ocurrir y que les devuelve una exigua parte de lo esquilmado para que cierren la boca y se olviden de él de una puta vez. Maravilloso si yo fuera buen amanuense capaz de redactar un texto mejor, pero me salió este.

NADA SOBRE NOSOTROS SIN NOSOTROS

«Nada sobre nosotros, sin nosotros»era el grito de guerra con el que, desde el principio alzó su voz el Foro de Vida Independiente, hace casi veinte años de ello, algunos de sus fundadores ya fallecieron, otros aún resistimos contemplando impotentes el paso del tiempo.

Desde 1992, cada 2 de diciembre, se conmemora el Día Internacional de la Persona con Discapacidad. El objetivo de este día es mejorar la situación de las personas con diversidad funcional, además de la búsqueda de igualdad de oportunidades.

Y convendría recordar que en España, a pesar de disponer desde el 2006 de la vigente Ley de dependencia, que da lugar al actual Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia, este ni es universal ni por supuesto llega a la mayoría de los «diverso funcionales» en situación de dependencia. Porque el actual modelo de asistencia personal no atiende a los derechos fundamentales y principios recogidos en la Constitución Española de 1978, como la Libertad de residencia y de circulación o la Igualdad de todos los ciudadanos y por lo que todavía muchas personas no pueden ejercer plenamente por motivo de su funcionamiento corporal.

A pesar del tiempo transcurrido y por ausencia de voluntad política que no ha creído conveniente dotar al sistema de fondos, son apenas un puñado las oficinas para la vida independiente que están funcionando en nuestro país y que apenas cubren las necesidades de una población poco menos que anecdótica, como la Ovi de Madrid, Barcelona, Galicia, Andalucía o Zaragoza.

En el Principado de Asturias un puñado de personas lucha desde hace tiempo por la implantación de una Oficina de Vida Independiente, atendida por los propios usuarios que haga efectiva los principios de la independencia total de las personas con diversidad funcional y en el parlamento se escucharon recientemente promesas al respecto, cave esperar que no solo sean promesas.

Pregunta urgente del Diputado del Grupo Parlamentario Podemos Asturies don Rafael Abelardo Palacios García a la Consejera de Derechos Sociales y Bienestar sobre cuándo van a implementar y poner en marcha la Oficina de Vida Independiente, formando parte del catálogo de recursos de los servicios sociales.

Yo no olvido

Debido a la reciente matanza de visones en Dinamarca, cave preguntarse que sucedería en el caso de que una opinión científica, por ejemplo consistente en que un virus mortal pudiera ser transmitido al hombre a través de sus mascotas y que no hubiera sido suficientemente cotejada o constatada por la comunidad científica, diera sin embargo lugar a que algún dirigente político, anti animalista o poco consciente, tomara la prematura medida de ordenar el sacrificio de todas las mascotas. ¿Qué sucedería entonces?

Una periodista en el programa de Javier del Pino en la SER dibujaba un escenario distópico en el que millones de humanos amantes de sus mascotas, las escondían en armarios para protegerlas, mientras vecinos, como ocurriera durante el nazismo, los denunciaba a las autoridades. Menos mal que no me queda tanto para morir porque cada vez llevo peor transportarme a ese tipo de escenarios distópicos.

La periodista apuntaba lo pronto que olvidamos y es verdad, afirmamos con frecuencia que solo recordando la historia, contribuimos a no replicar los errores del pasado, pero lo cierto es que olvidamos espantosamente rápido aunque no sea mi caso porque yo no olvido, tengo un enorme disco duro y aunque aprendí a perdonar a todos cuantos me discriminaron desde la infancia, los que me impidieron competir en igualdad, los que me ofendieron por omisión o falta de respeto, a los que no se esforzaron por comprenderme. Aunque los perdoné a todos, incluidos los franquistas que todavía colean por doquier y que mantuvieron en el poder al tirano durante mis primeros 25 años de vida, nunca he olvidado nada, los tengo a todos presente.