Tira y afloja

Emile Cioran

¿Cómo estás? ¿eres feliz? es el diálogo que a menudo mantenemos cuando nos encontramos y yo me he acostumbrado a decir que estoy mal porque es verdad, estoy mal y no soy feliz pero y… ¿Quién dice que quiera serlo?

Algunas investigaciones han llegado a la conclusión de que la soledad es una de las principales causas de infelicidad. Nadie sale indemne de la infancia, todos arrastramos durante el resto de nuestra vida algún trauma y a mí me acompaña el de la infelicidad. Aprendí a vivir en soledad, acerté a meditar, a exprimir mis pensamientos para entretener la espera hacia un futuro incierto y así enfrentarme con algún éxito a la infelicidad que la soledad me provocaba, e intentando aprender a vivir solo, descubrí que me hacía más desgraciado el hecho de intentar aparentar ser feliz.

La vida consiste en una serie de tira y afloja continuo, la estabilidad emocional es una quimera, una utopía, la meta que sabemos imposible de alcanzar. Como decía el cineasta Tod Browning, «No pedimos venir al mundo, pero aquí estamos», por lo tanto, tampoco somos responsables o tan solo lo somos de nuestros actos y nunca me he ñangotado porque he vivido en la convicción de que me tengo a mí y punto. Como decía el escritor austriaco Thomas BernhardNacer es una desgracia, y mientras, vivimos perpetuamos esa desgracia” y yo, a pesar de las dificultades me había decidido por el camino de la vida, así es que había que apencar.

Apenas nadie advertía el peligro. Mi amigo Carlos pasó una semana en casa, en observación, empeoró y lo ingresaron. No mejoraba y lo intubaron con el temor de que a lo peor no despertara para lo que colocaron a su mujer en la disyuntiva de firmar por él la posible pena de muerte o la muerte inmediata ¿Morirse es algo tan prosaico como esto? –Pensé– Que de repente te seden, te intuben y se acabó la vida, ¿así de tonto es esto? ¿Ir sin tener siquiera la posibilidad de despedirte de tus amigos y seres queridos?

Ahora que me acaban de comunicar que Carlos no ha podido superar el shock séptico que el COVID-19 ha provocado en él mientras permanecía sedado, pienso en todas las tonterías que hacemos a diario, en los disgustos que cogemos por nada. No sé lo que me queda de vida, pero en el tiempo que me quede intentaré darme cuenta solo de lo importante, desechando todo lo demás porque me persigue esa certidumbre horrorosa, que pesa como una losa en mi cerebro cansado, de que si me infecto ya no habrá vuelta atrás y el final puede haber llegado, y pienso no es posible, aún no leí aquel libro, no he podido conocer a la hija de mi hijo, no me puedo contagiar porque sé que mis pulmones tampoco aguantarán.

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