¿TE HAS ARREPENTIDO DE ALGO?

Tom York

¿Tú nunca te has arrepentido de algo? Un joven amigo, abogado de profesión, me preguntaba el otro día buscando complicidad y procurando justificar lo injustificable que es lo que solemos hacer cuando rendimos cuentas de nuestro pasado y lo hacía porque una vieja imputación seguida de orden de alejamiento por maltrato en el hogar ejercido sobre la que entonces era su pareja, lo privaba en aquel momento de un ascenso que consideraba muy merecido.

De pronto me vino a la mente aquella anécdota que se cuenta de D. Miguel de Unamuno, cuando el Rey Alfonso XIII lo distinguió con La Gran Cruz de Alfonso XII “Me siento muy orgulloso de esta distinción que me concede y que verdaderamente merezco” le dijo a D. Alfonso XIII y este, sorprendido, le respondió: “vaya, normalmente los premiados me suelen decir que no son merecedores de este premio“ y Unamuno contra replicó “es que, efectivamente, los otros premiados no lo merecían

Entonces y previendo que la soberbia casi siempre nos traiciona, guardé silencio convencido de que mi amigo lo único que necesitaba en ese momento era ser escuchado.

Me quedé días asimilando aquella conversación y sobre el asunto que la motivó a sabiendas de que nada podía ni deseaba hacer porque ni estaba de acuerdo con su sentido patriarcal del matrimonio, ni mi perdón podía ayudarlo pero rehíce la pregunta para mí y la repetí para mis adentros ¿Me arrepiento de algo?

Puede parecer exagerado pero creo no arrepentirme de nada a pesar de los muchos errores cometidos que la soledad de la noche se empeña en arrojarme a la cara cada poco y cuyas facturas sigo pagando porque todo se paga más tarde o más temprano, como le sucedió a mi amigo cuando solicitando un ascenso, la vida le presentó una factura que no había cubierto en su totalidad, y porque en conciencia creo que uno debe asumir sus errores e intentar sobreponerse a ellos en un éxtasis continuo de contrición y aprendizaje porque de eso va la vida.

Sin embargo me arrepiento de lo que no hice, algunas cosas se me negaron, me resultaron imposibles físicamente como poder practicar el deporte de la bicicleta pero otras simplemente no las afronté o preferí elegir otro camino por decisión propia o inducido y eso si lo siento porque sin ser envidioso, eso me ha hecho envidiar no cosas materiales o a personas por su posición social aunque sea eso lo común, pues considero haber tenido más de lo que merecí pero si he envidiado a algunas personas por otras razones y pondré tres ejemplos de lo que pretendo decir.

Envidio a Victor, autor del videoblog “Music Radar Clan” y no porque sea youtuber y cuente con 157 mil suscriptores ya que para serlo no necesitas aprobar una oposición, de hecho cualquiera puede si tiene algo interesante que comunicar o mejor dicho algo que comunicar que interese a la gente, sino por su profundo conocimiento de música contemporánea.

Envidio a Javier del Pino director de “A Vivir que son dos Dias” y no porque conduzca uno de los programas de radio que más sigo, que también.

Y envidio a personajes tan cultos como D. Juan Valera y Alcalá-Galiano, escritor, diplomático y político nacido en Cabra en 1824, que según cuentan, protagonizó esta curiosa anécdota cuando en 1871 ejercía como diputado y, dirigiendo un discurso a la Cámara Alta, pronunció el nombre del escritor Shakespeare, pero lo hizo tal cual se lee en español provocando las risas de los senadores. Entonces, con elegancia hizo un inciso en su discurso al objeto de disculparse y afirmó “perdón señores, creí que no sabían inglés” y continuó en ese idioma el resto de la intervención, dejando a sus señorías entre avergonzadas y confusas por no enterarse de nada.

El amplio dominio del inglés es además el común denominador de las personas mencionadas y de ahí mi envidia porque me hubiese gustado poder leer a William Faulkner, Mark Twain, Truman Capote o John Steinbeck, en su idioma nativo o escuchar los diálogos de películas de Tarantino, Orson Welles, Billy Wilder, John Huston o Aldrich, por poner algunos ejemplos, sin consumirme leyendo los subtítulos, soportar y dudar de las traducciones o estar obligado a sufrir esos malditos doblajes que parecen ser ley en nuestro país.

Pero sobre todo, lo que me dolió más, fue no poder entender las letras de las canciones de Thom Yorke y Radiohead, Bob Dylan, The Cure o REM teniéndome que conformar con disfrutar tan solo de la melodía.

Por cierto que Thom Yorke cuenta con un corto musical visual en Netflix titulado ANIMA, dirigido por Paul Thomas Anderson

TRAILER DE ANIMA
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