La vieja Europa sufre

Insegura ante un mundo que cruje.

Crujen las convicciones políticas por todos los rincones del mundo y a consecuencia la vieja Europa de los valores tiembla ante el temor de un posible resquebrajamiento de la unidad tan ansiada y nunca conseguida en su totalidad.

Todavía colea ante la perplejidad de todos el virus y sus diversas variantes cuando ya lo dábamos por noqueado y los ciudadanos se levantan contra las medidas de los gobiernos intentando contener los nuevos brotes.

De nuevo intelectuales denuncian un paso atrás en derechos y el temor ante el nuevo muro que recorre el continente a pesar de que dábamos por terminada la guerra fría.

Y Chile sufre duramente la lacra del pesimismo en forma de avance de la ultraderecha votando a un tipo que renuncia renegar de la figura de Pinochet. Chile que con España, Argentina y otros sufrió tan duramente el daño que infligieron las dictaduras al pueblo, dando por hecho que jamás la ultraderecha lograría nada.

Los ciudadanos están actuando tomando decisiones infantiles que recuerdan aquel niño que enfadado porque no puede tener el juguete del hermano, se lo destroza para que tampoco lo tenga él, mierda para todos. Y esto ocurre porque la izquierda no ha practicado suficiente docencia y se ha desgastado internamente, careciendo en la actualidad de personas que lideren al pueblo por una senda social permitiendo con ello que el interés general y la justicia se anteponga a otros fines interesados y sobre todo para que no se pierdan los derechos adquiridos.

El escritor y cineasta norteamericano Joe Swanberg, destacado miembro del movimiento Mumblecore, dice a través de un personaje femenino de la serie Soundtrack en su primer capítulo: “No hay nada que nos mantenga a salvo, no habrá nadie que diga que no y entonces pensarán que pueden hacerlo todo y no estaremos a salvo en un mundo gobernado por la fuerza bruta y la estupidez” habla con referencia al abuso del patriarcado, pero es perfectamente aplicable a la izquierda actual porque como en la serie se dice también, si queremos paz necesitamos orden y para conseguir orden los ciudadanos deben acertar a sobreponerse y tomar las riendas sociales sin dejarse llevar por los renegados infantiles del “no a todo” a los que nada satisface y optan por la peor opción como aquel niño que cabreado, pisó el juguete de su hermano aunque luego se arrepintiera toda la vida, porque el arrepentimiento siempre es inútil y en vano.

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