HOY MÁS QUE NUNCA CON ELLAS

La manada

Mis sentimientos siempre han estado del lado de las mujeres, desde muy pequeño me he sentido identificado con ellas. Me tocó vivir en una España machista y segregacionista en la que los chicos y las chicas estudiábamos por separado pero el maestro no me admitió en su manada porque siendo paralítico, suponía que le iba a dar mucha guerra recogiendo los lápices que me cayeran al suelo. Mi madre, la primera y más valiente luchadora que he conocido, consiguió que la maestra me admitiera entre las chicas, de algún modo debido a que no podía andar y eso me convertía en subnormal, como me presentaban los papeles fraquistas ante el resto de los ciudadanos. Pero eso, que podía haber supuesto un revés más en mi vida, contribuyó a que, desde aquellos primeros momentos aprendiera a amar a las mujeres; en aquel colegio, rodeado de niñas que eran mis hermanas, mis novias, mis cuidadoras mis amadas amigas aprendí un poco a pensar y sentir como ellas y por eso, siempre han sido tan importante en mi vida y han ocupado un espacio tan grande en mi corazón.

Me siento triste y jodido por la sentencia del caso de la manada, al escucharla he sentido ganas de vomitar, he recibido un golpe bajo propinado por un patriarcado que se resiste como gato tripa arriba a perder su estatus social, a ver disminuido su poder. Unos jueces fachas y trasnochados no han tenido «cojones«, seguramente no los tienen tampoco para otras cosas, para promulgar una sentencia eficaz y ejemplarizante que diera impulso a nuestra sociedad en su  camino hacia la consecución de una igualdad real y plena que, a juzgar por lo de hoy, queda aún muy lejos.

Unos tipos viajan hacia los San Fermines no para pasarlo bien y emborrarse como creíamos sino para cazar en manada a una mujer de la que abusarán tanto como les venga en gana para luego vanagloriarse en las redes sociales y conseguir con ello sentirse como lo que no son, hombres. Malditos sean, les deseo lo peor a ellos pero no solo a ellos, también a una sociedad machista que no se revela ante sentencias como ésta dejando con ello huérfanas a sus madres, compañeras e hijas.

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