Supremacismo

En el programa “A vivir que son dos días” que Javier del Pino dirige los fines de semana, entrevistaron a Jorge Ramos, uno de los periodistas latinos con mayor reconocimiento en EEUU, que dirige el Noticiero Univisión, ganador de 8 premios Grammy y según la revista TIME, una de las personas más influyentes en aquel país, que saltó a la palestra internacional cuando cubriendo una rueda de prensa en la Casa Blanca, Trump le espetó: “Nadie te ha dado la palabra, siéntate. Regresa a Univisión” y esa frase junto a la imagen de los escoltas del presidente expulsándolo de la sala de prensa, dieron la vuelta al mundo dejando a pocos indiferentes.

Jorge Ramos considera que “La labor del periodista no es solo reportar la realidad, sino ser crítico y cuestionar a los poderosos” porque en EE. UU. persiste un grave problema de racismo y discriminación hacia etnias minoritarias como los latinos y la gente de color o los asiáticos.

Para Ramos, Donald Trump es solo un síntoma de lo que está ocurriendo en los EEUU y lo que está ocurriendo según él, es una reacción extremista y racista ante los acelerados cambios demográficos y la manera en la que aquel país se está transformando. Así, muchos que en público no pasarían por “trumpistas”, cree que volverán a votar al último presidente que intentó mantener vigente el privilegio de los blancos, porque la diversidad étnica les aterra, el hecho de que su gran rancho se convierta en un país de no blancos no lo soportan y en Trump creen hallar su última esperanza.

Ramos nos está hablando de supremacismo una etiqueta que puede resultar sencilla de aplicar en su caso pero buscando paralelismos con el nuestro, siento que el resurgimiento de posturas extremistas, nostálgicas y reaccionarias como las de Vox que hace un par de años no eran fáciles de prever, tienen una explicación similar. En nuestro caso Vox no se alimenta solo o principalmente de un problema racial o inmigratorio como ocurre en EEUU, sino de varios que engloban nostalgias del pasado como el puñado de franquistas aún vivos o sus descendientes y antinacionalistas catalanes y vascos

Pero además, una parte de la sociedad ha observado atónita como el patriarcado se derrumbaba como un castillo de naipes. Aquella machirula y sucia frase de mis mayores cuando yo era un niño, “el marido de fulana, dejó los pantalones colgados detrás de la puerta por la noche y la mujer se los puso por la mañana”, parecía estarse haciendo realidad y, de pronto se percataron de no poder dar una bofetada a la mujer o silenciarla porque se encontraban ante un ser con los mismos derechos que ellos. Su condición de macho dominante debía compartir espacio con otras entidades de género representadas por el colectivo LGTB; los toros y la caza se hallaban frente a las cuerdas como consecuencia del avance de asociaciones animalistas y la inmigración parecía imposible de detener. Pero, de pronto, un partido de ineptos poco formados, culturalmente hablando, saltan a la cancha política inundando las redes sociales, con mensajes antifeministas, en defensa de los taurinos, los cazadores, los machirulos y en contra de la inmigración y como en el caso de EE. UU. pocos defienden en público que representen su opción política, pero cuando se encuentran ante las urnas, introducen su papeleta en el sobre y en ese acto palían su sed de revancha.

No obstante por fortuna, seguimos esperando que en las próximas elecciones Vox se convierta en un partido residual, lo mismo que nos continúa sorprendiendo que un poli blanco mate a un negro aunque como afirma en su columna del domingo José Millas, eso no sea para nada excepcional y es que también creo que solo me queda el libre pensamiento y la palabra como arma ante esa locura colectiva que impide a los hombres entenderse y adaptarse ante una nueva era que ya es inevitable e imparable.