MAGIA

Yo también tuve 20 años y por aquel entonces las comunicaciones interpersonales mayormente se realizaban a viva voz, no había móviles y la mayoría de hogares carecía de teléfono fijo. Con frecuencia acudíamos a cabinas telefónicas públicas, bares o la tienda de ultramarinos del pueblo como únicos medios posibles para transmitir nuestros deseos, peticiones o simplemente para citarnos. En las grandes ciudades quizá era un poco más fácil pero no tanto.

Hoy una especie de éter transporta nuestra palabra, las imágenes que proyectamos, incluso los sentimientos envueltos en parábolas o metáforas. Lo hemos denominado internet y pronto dispondrá de una red 5G que intercomunicará a los humanos de manera universal pero para mí, que viví aquella otra vida de la que hablaba, es magia y me explicaré con un ejemplo.

A punto de cumplir setenta años, un jueves de hace no tanto, me enteré de que tenía que editar vídeos para subir a Youtube y no sabía ni por donde empezar. Esa misma tarde estaba viendo un vídeo de Javier Telletxea, un navarro casado con una chica china que reside en la provincia de Wuhan y se gana la vida enseñando español y grabando vídeos que monetiza a través de YouTube.

Tuve el impulso de preguntarle y lo hice, aunque es algo que no acostumbro, inserté un comentario en el vídeo: Javier, tengo que editar vídeos y no tengo ni idea ¿Me podrías orientar un poco? Me doy cuenta de que lo haces todo desde casa, ¿cómo te arreglas? Javier y su novia china vivían esos días confinados como tantos otros ciudadanos de aquella provincia.

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